Lo tenía allí, día tras día, sobre mi mesilla de noche, sin deseo alguno que me empujase a comenzar su lectura, es más, me producía cierto rechazo. ¡CRASO ERROR!. Lo empecé y como el lobo del cuento LO DEVORÉ.
Alemania, año 2011. Un joven universitario se ve obligado a dejar temporalmente su carrera, sus amistades y todo lo que hasta ese momento ha conformado su ajetreada vida. Tras diagnosticársele una enfermedad mental, decide retirarse a un pequeño pueblo en las montañas para intentar frenar el avance del trastorno que comienza a despuntar. Allí descubrirá los placeres y los inconvenientes de la vida rural, así como a diversas personas relacionadas con sus antepasados y con la casa de su familia.
Tras romper casi por completo los vínculos con su vida anterior, conocerá a una muchacha a la que todos en el pueblo apodan Caperucita Roja, debido a su costumbre de pasear por los bosques ataviada con una capa de tal color. Imbuido en aquel ambiente, el joven no encontrará a seres mágicos, vampiros ni hombres lobo, sino que descubrirá algo mucho más real y muchísimo más peligroso. Algo tan terrible que nunca hubiera podido imaginar. Y es que en ocasiones, la realidad puede superar a la fantasía...
¿Y si la verdadera historia no fuera como nos la contaron cuando éramos niños...?
Una novela subyugante y sorprendente, para público joven y adulto, que es una mágnífica elección con la que sorprender y sorprendernos, lejos de los ya muy trillados senderos de la literatura fantástica habitual.
Una, entre varias, de las curiosidades del libro:
El pueblo al que se retira el protagonista se llama Persinette que es el nombre original de Rapunzel.

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