Siempre he pensado que la belleza está en los ojos del que mira, de ahí la gran variedad de opiniones a la hora de decidir quien nos resulta atractivo y quien no. Lo que ocurre es que ese juicio lo hacemos basándonos sólo en el aspecto físico cuando, en realidad, el encanto de una persona reside en el conjunto de todas las cualidades que posee. De entre todas ellas, que considero son muchas, me quedo en esta ocasión con la elegancia; y como modelo de la misma a
Audrey Hepburn, una mujer que a través de sus interpretaciones irradia una delicadeza, una educación y un saber estar que la convierten en una belleza indiscutible.
Se que va a parecer ingenuo, pero no vale de nada ser bonito por fuera y estar vacio por dentro; por ello, y aunque la realidad de la sociedad en la que vivimos sea otra demostrando sólo interés y aprecio por la fachada, pienso que deberíamos ser capaces de ver mucho más allá del continente y profundizar en el contenido. Seguro que nos llevabamos alguna que otra sorpresa, ¿o no?
Esto me lo aplico yo a mi trabajo. Tendemos a priorizar la forma en la presentación de las cosas, por encima del fondo del asunto. A veces parece que da lo mismo lo que uno diga mientras lo diga de forma vistosa, utilizando un lenguaje llamativo y, con medios tecnológicos epactantes.
ResponderSuprimirEs fundamental la distinción entre lo que el hombre es y lo que tiene. La relación del hombre con lo que tiene, es secundaria y relativa. El "tener" del hombre no es un factor creador aunque si puede ser medio para "ser" más plenamente hombre. Estos conceptos me parecen importantes.
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