viernes, 30 de abril de 2010

Es@s querid@s bibliotecari@s

Este domingo, 2 de mayo, los bibliotecarios celebran a su patrona Santa Wiborada.
Es una profesión, la de bibliotecario, muy poco reconocida y de la que se percibe una imágen completamente errónea y distorsionada. Cuantas veces escuchan comentarios como ¡tú debes de leer mucho en la biblioteca!, ¡que tranquilo el trabajo de bibliotecario!, vosotros sois los que "despachais" los libros y otras lindezas.
Heather Henson( si, la hija de Jim Henson, el padre de The Muppets) nos muestra en su álbum La señora de los libros, editado por Juventud y con ilustraciones del siempre excelente David Small, un ejemplo de la dura labor que, en algunos momentos históricos, ha desarrollado éste colectivo. El libro "está inspirado en la labor de las bibliotecarias a caballo, conocidas como «las señoras de los libros» en los Apalaches de Kentucky. El Proyecto de la Biblioteca a Caballo se fundó en los años treinta del siglo xx, con el fin de acercar los libros a zonas aisladas donde había pocos colegios y ninguna biblioteca. En lo alto de las montañas, los caminos eran a menudo simples lechos de riachuelos o senderos accidentados. A lomos de un caballo o una mula, las bibliotecarias a caballo recorrían la misma ardua ruta cada dos semanas cargadas de libros, con independencia de que el tiempo fuera bueno o malo..."
Pero sin necesidad de irnos a Kentucky aquí, en España, tenemos ejemplos como el de las bibliotecas circulantes de Castropol en Asturias que surgieron en el año 1921 cuando un grupo de universitarios denuncian la situación de ignorancia del pueblo, no sólo por el gran número de analfabetos existente, sino también por la falta de curiosidad intelectual entre los que no lo son y abren una suscripción popular para recoger aportaciones de los vecinos con el fin de crear una biblioteca circulante. Ésta se pone en funcionamiento, utilizando en muchas ocasiones, como medio de transporte de los lotes de libros, los nobles lomos de resistentes burros. En un segundo momento, se decide establecer sucursales en distintas localidades para intentar subsanar los problemas causados por la orografía, la dispersión poblacional, etc. La biblioteca circulante comenzó con 129 volúmenes y tres años después tenía más de 1.000, estaba abierta a todo tipo de personas, sin necesidad de cuota ni carnet de socio y sin más obligación que el tratar bien los libros y devolverlos en el plazo de un mes.

Un ejemplo más, éste todavía en funcionamiento, es el biblioburro en el Departamento del Magdalena al norte de Colombia.
Y no quiero olvidar a mujeres como la francesa Geneviève Patte que, en los inicios de su carrera y buscando la forma de facilitar el acceso a los libros a la población que menos contacto tenía con ellos, recorría las casas, puerta por puerta, con los libros cargados en su bicicleta.
¡Feliz día para tod@s!

1 comentarios:

  1. Imagen errónea y distorsionada.... Si las paredes hablaran je je je

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